





2 de 2, Tuve la fortuna de visitar Cartagena Colombia por segunda vez, cargué la ilusión de mi película para proyectarla en donde "lamer calle" foraneo resulta de buen peaje para el cerebro.
Alex y Kárima fueron los mejores jurados para vivir, palpar una de las ciudades con más historia,.."Pirata" de nuestros últimos tiempos.
Ahí, ahí estabamos, camine y camine, viendo cine, acercándonos a Gabo con sus películas convertidas en homenaje, un delicioso coctel de camarón y ostra arriba del taxi de Toño, las mejores pizzas gourmet afuera de Santa Clara, la cerveza Águila y un buen café Sello Rojo de vez en nuez. Trabando las púpilas al centro de Santo Domingo, acariciando "una" buen Botero y acariciando la brisa que entra a las ventanas,...o la "vista que entra a las ventanas" del pueblo viejo. Fue una buena experiencia, fue sobre todo, el salir del esquema que atormenta y en una bofetada al buen tiempo dialogar y trabajar de cerca a la Sophía que quiere dejarse venir como cascada.
El monasterio me heredó un sombrero que se pierde en el "Caribe", y aunque peleando con el presente del pinche messenger para convivir con el duro presente, se dieron los momentos para dialogar con ese calor sabroso que no detienen las murallas de la vieja Cartagena, el papel se descubre para encontrar sin querer el fin de la huelga creativa que de pronto se postró frente a mi.
Al final,..y camine y camine, lamí los recovecos que me condujeron al marisco, la ostra y demás que me dieron de beber una gran experiencia más,.. sobra hablar de los hoteles boutique, conocer a más directores y quedarme calvo por la LATA.